Verónica Marcela Pacheco Pérez-Palma, Verito para sus amigos, nació el 7 de diciembre de 1979 en Lima-PERU. Primo y Verónica son sus padres. Primo Ricardo (1981) y Renato (1990) sus hermanos menores.

Al año de edad recibe el diagnóstico de Retardo Mental Profundo, debido a su conducta hiperactiva, falta de atención, ausencia de lenguaje y signos de inmadurez cerebral en el EEG. Sin embargo, este retardo no cuenta, a su vez, con un diagnóstico etiológico, ya que aún no se ha encontrado alguna evidencia de laboratorio que indique, sin lugar a dudas, el origen causal de dicho retardo.

Ella recibió tratamiento neurológico dirigido a controlar su conducta hiperquinética, sin obtener ningún resultado significativo, por lo que se suspende. Se presume la existencia de una disfunción tiroidea, por antecedentes familiares del lado materno y por la inmadurez observada en el EEG, por esta razón se le administra hormona tiroidea alrededor de los cuatro años de edad. Coincidencia o no, ella comenzó a hablar unos seis meses más tarde, aproximadamente a los cuatro años y medio. Sus primeras palabras fueron: ‘globo’ y ‘pollo’.

Al cuidado de su desarrollo terapéutico, se le suma el cuidado puesto en el desarrollo de su área emocional. Verito tiene una personalidad extrovertida que ignora el significado de la timidez, del mismo modo como ignora el significado de los títulos, rangos y estatus; para ella todas las personas son iguales y amigas: reparte saludos, abrazos y besos sin discriminación.

   

Ella es un ser de un carácter muy sociable, es amorosa, cariñosa, amistosa, feliz, alegre. Vive feliz en su mundo de lápices, colores, papeles, muñecos, globos, música, amigos. Le encanta asistir a invitaciones, espectáculos, salir de paseo, estar rodeada de amigos, de compartir su alegría y disfrutar con ellos el momento Vehemente cuando se trata de conseguir el objeto de sus deseos: los globos, la música, la comida, visitar a sus amigos queridos.

Su memoria es asombrosa. Ella recuerda especialmente todo aquello que es de su área de interés, siempre y cuando esté de humor y no se le presione. Ha registrado eventos que han ocurrido incluso, desde antes que ella pronunciara palabra alguna, como los nombres, fechas de cumpleaños y teléfonos de sus amiguitos y profesoras del primer centro educativo especial al que asistía a los tres años y medio. Sorprende a propios y extraños con su enorme memoria para recordar fechas de cumpleaños, direcciones, teléfonos, canciones; con su capacidad para reconocer y ubicarse en las calles de la ciudad, para identificar el día de la semana que corresponde a una fecha, para reconocer la combinación de colores que componen la sección de un cuadro. Ella mantiene activa su capacidad de aprendizaje, su interés por todas las cosas, lo cual le permite mejorar continuamente su conducta, sus habilidades y destrezas.

   
Verito es pequeña y gordita, pero esto no le preocupa en absoluto, ella se percibe como una persona muy fina y estilizada al igual que los personajes de sus obras. Vive sin miedos, ni vergüenzas, ni culpas, ni penas La explicación a ese misterio tan propio de ella se encuentra en la inocente coexistencia de una adolescente que no abandona un maravilloso mundo inocente, al que de alguna manera podemos acceder cuando nos encontrarnos ante su arte. Así es como Dios nos quiere: inocentes y felices.